ALZAR LA VOZ EN DICTADURA

H oy les muestro el extracto de mi ensayo “ALZAR LA VOZ”, un compendió de hechos relevantes de nuestra historia reciente, a partir del añ...

viernes, 6 de mayo de 2016

OPINIÓN

PAÍS ENFERMO                             
Susana Morffe

Decretar la emergencia humanitaria en Venezuela se ha hecho una deuda de honor para los políticos que enfrentan la presión social, debido a las carencias de medicinas y alimentos en la población y se ha traducido en una nutrición barata, ocasionando muertes súbitas de niños, jóvenes y adultos, mujeres y hombres, por la escasez en todos los rubros que impera en el país, creciendo cada día a pasos agigantados.

Se suma a la grave situación venezolana, el déficit de profesionales de la medicina que han emigrado hacia otras latitudes en busca de mejores salarios, seguridad y dotación de insumos para ejercer la actividad médica. Ante tal situación, Venezuela se encuentra sumergida en un mar de grandes calamidades, con el colapso de hospitales, ambulatorios y clínicas privadas, por no contar con la instrumentación necesaria de equipos y material quirúrgico para efectuar operaciones, seguimiento a pacientes con enfermedades que requieren diálisis, aplicación de insulina y un monitoreo normal médico, además de las necesarias pruebas de laboratorios, carentes de reactivos.

Para el mes de enero 2016 la cifra era de 65% de inexistencia de medicamentos esenciales, niños convulsionan por no tener medicamentos, a la par mueren venezolanos por falta de medicinas en Venezuela, siendo la primera causa de defunción en el país las enfermedades cardiovasculares, tampoco se cuenta con hospitales y clínicas para intervención quirúrgica y de un perfil sanitario del país.

Lamentablemente la salud en Venezuela ha sido politizada y la gran víctima es el pueblo que no tiene dónde y cómo acudir para ser atendido. A la fecha la situación empeora con las cifras inflacionarias para la compra de los medicamentos, los que se puedan conseguir en vista de que muchos laboratorios se han ido del país debido a la falta de seguridad jurídica y social existente. El ciudadano común ha tenido que utilizar las redes sociales para solicitar medicamentos que de alguna u otra forma encuentran por atención solidaria.

En la isla de Margarita en los primeros meses de este año han ocurrido cuarenta muertes de neonatos, con una situación crítica en el principal hospital de la región, “Dr. Luis Ortega”, donde se hizo necesaria la presencia de una delegación parlamentaria de la Asamblea Nacional, para constatar el estado de deterioro de las instalaciones, mal nutrición de pacientes y muy poca presencia de médicos y enfermeras, así como la crítica realidad de clínicas privadas. La salud en la región insular es de emergencia, tanto es así, que fue necesaria la intervención del hospital Luis Ortega, la farmacia y la destitución del director del nosocomio en la ciudad de Porlamar.

El drama social de Venezuela es gigantesco y las pugnas políticas no enderezan el panorama, crece la fragilidad en enfermedades que en otros tiempos habían sido superadas y hay una ruptura total alimenticia para sostener a la población en óptimas condiciones, especialmente los niños,. Las madres de infantes deben acudir a otras instancias para obtener leche para sus hijos, pues ésta se encuentra agotada y en el peor de los casos, no se consigue. Igual ocurre con los pañales.

El gobierno se ha negado repetidas veces a aceptar la ayuda humanitaria de otros países, alegando que se trata de una guerra económica interna propiciada por opositores, mientras que pacientes y familiares luchan por alcanzar la vida, clamando por un gramo de consideración y respeto en el juego peligroso de optar por la vida o la muerte.

@susanamorffe / http://susanamorffe.blogspot.com



SOBREVIVIR                                                                                               
Laureano Márquez

La Real Academia nos ofrece varias acepciones del término “sobrevivir”: i) “vivir después de un determinado suceso” (es decir seguir vivo después del suceso, digamos una calamidad, una hecatombe, etc.), ii) “vivir con escasos medios o en condiciones adversas” y iii) “permanecer en el tiempo, perdurar”. A los venezolanos de este momento nos toca insistir en la supervivencia en todas las acepciones de la palabra.

Tenemos que sobrevivir al hampa, que es una de esas desgracias que no dependen de uno (me refiero no a la que uno elige, sino a la que lo elige a uno). Hay que cuidarse más: no salga de noche y de día lo menos que pueda. Aproveche que el trabajo está prohibido en Venezuela para quedarse en casa. Les diría que pongan rejas mejores, pero hierro tampoco hay. Los muchachos adolescentes que vayan a fiestas deben quedarse en las casas del convocante o no hay fiesta (mejor si no la hay). Atento siempre a si lo están siguiendo, ponga los vidrios lo más oscuros posibles, los vidrios arriba, los seguros abajo. Desempolvé el celular viejo, guarde el bueno en la casa. No lo use en el carro. No agarre caminos verdes de noche.

Tenemos que sobrevivir a la calamidad alimentaria que se avecina. Todos los que saben de la materia aseguran que en pocas semanas el desabastecimiento va a ser brutal. Lo poco que se consiga, además, será muy costoso. Sea prójimo, comparta su pan (es un decir, pan no hay: su comida, se entiende) con el que no anda bien. Almacene lo que pueda, lo que la hiperinflación le permita. Si tiene familia fuera, pídales que le manden comida puerta a puerta. Haga las arepas más finitas y más grandes, para que den la sensación de abundancia (mientras tenga harina).

Hay que sobrevivir a la crisis eléctrica. Especialmente la gente del interior que es la más castigada. Cuide y proteja su nevera que es el sanctasanctórum de la casa (imagine que es la caja fuerte que contiene sus joyas preciadas). Tenga agua, porque si no hay luz se va el agua y si no hay agua se va la luz. Ahorre electricidad porque El Niño insiste en quedarse a pesar de las firmas.

Hay que sobrevivir a la crisis sanitaria. Pídale a los que aun viajan fuera que le traigan las medicinas que necesita si tiene tratamientos que no puede suspender. Sea solidario, comparta medicinas que no usa o las que quedaron de la gente que lamentablemente se nos fue. Use las redes para ayudar a los que necesitan, pero por encima de todo, trate de no enfermarse. Cuídese, deje el cigarrillo si fuma, controle la ansiedad, duerma. Haga ejercicio (pero no en la calle, recuerde la inseguridad. Suba y baje las escaleras de su edificio…solo de día).

Tenemos que sobrevivir a la debacle institucional, insistir en las leyes, en la justicia, en el ejercicio de nuestros derechos, por más inútil que parezca. Pero sobre todo, trate de que su alma sobreviva a este “suceso”. Por más que la destrucción de Venezuela sea un extraordinario negocio, no se sume a la corrupción, no sea usted uno más de los que arruinan al país (diga: “etiamsi omnes ego non”, “aunque todos lo hagan, yo no”), sea un constructor, que es la única forma de perdurar en la memoria colectiva. Recuerde que si el país que usted sueña no nace de su corazón y de su práctica cotidiana, nunca vendrá. Mantenga su conciencia transparente. Pero sobre todo sobreviva a la indignación, a la rabia que le produce lo que está contemplando.

Destierre el odio, pues como dijo el inigualable Charles Chaplin en el Gran Dictador (sin alusiones personales): “ustedes tienen el amor de la humanidad en sus corazones, no odiéis. Solo aquellos que no son amados odian, los que no son amados y los inhumanos”.

La tarea de cara al futuro para las personas, las familias, las empresas y –naturalmente- el país, será la de sobrevivir. Ya lo dijo Andrés Eloy Blanco en tiempos que creíamos superados:

Viviendo estas los años más sucios de la historia pero si sobrevives, será tu tiempo el tiempo de la bondad triunfante, de la justicia erguida, donde la voz alcance la libertad del sueño…

@laureanomar / laureanomarquez.com



UN BEL MORIR                                                                                  
Manuel Antonio Narváez

El jefe blanco Henry Ramos, por paradojas de la vida, se ha convertido en la auténtica bestia negra del chavismo. Sus frecuentes invectivas, potenciadas por el sonido metálico y el tono altanero de su voz, son saetas que descomponen a los rojos. Días atrás, verbigracia, lanzó este comentario: “queremos ayudar a este Gobierno a bien morir, sin violencia, constitucional, democrática, electoralmente, pero el Gobierno está aferrado a un poder que no merece”.

Aunque me cuesta imaginar a Ramos Allup haciendo el papel de Virginia Otis (la bella jovencita que ayudó a que sir Simón, el Fantasma de Canterville, encontrará el descanso eterno) concuerdo totalmente con él. En verdad este gobierno agoniza; todavía respira, pero ya perdió toda razón de existencia, como no sea la de raspar la olla miserablemente. Gerver Torres resume este drama en 140 caracteres: “Dice Kundera que a alguna gente se le acaba el destino antes que la vida. Lo mismo aplica a este régimen; está todavía allí pero ya sin destino”.

Creo que llegó el tiempo para que el presidente Maduro reflexione seriamente sobre el modo en que desea que su gobierno termine. No teniendo posibilidad alguna de llegar al 2018, debe escoger entre una buena muerte y una muerte terrible.

Si se aferra al poder, provocará el colapso del país y su gobierno terminará en medio del caos; sería una muerte terrible que la historia no absolverá. Pero, actuando con sensatez, podría convocar a sus seguidores y decirles: “Compañeros lamentablemente, por ahora, los objetivos que nos planteamos no fueron logrados”.

Un bel morir tutta una vita onora (Una bella muerte honra toda una vida), es la frase de Petrarca que Álvaro Mutis escogió como epígrafe de uno de los libros en que narra las tribulaciones de Maqroll, ese entrañable quijote sin grandeza. Presidente, permítanos ayudarle a que su gobierno tenga un bel morir. No ponga trabas al revocatorio.

@manuelnarvaez


ESCENARIOS VENEZOLANOS                                                                           
Andrés Hoyos

Lo que sí se sabe es que el desenlace ocurrirá en 2016 pues las largas que se estaban dando se acabaron. La espiral descendente produce vértigo: no solo faltan medicinas y comida, no solo el crimen campea en las calles, no solo la burocracia no trabaja y se dan largos cortes de luz en toda la geografía, sino que ni siquiera es posible producir cerveza. A fines de este año Venezuela deberá pagar unos cuantiosos bonos que le sacarán al fisco el poco oxígeno que obtuvo tras la reciente alza del petróleo; la alternativa es que el país caiga en un peligrosísimo default, que enterraría para siempre al moribundo bolívar.

Por lo que me cuentan, los militares desempeñan un papel cada vez más importante en la balanza, pues no se ve quién más pueda imponer orden, de suerte que cualquier alternativa debe contar con al menos una parte de las FANB. Vladimir Padrino López, el ministro de Defensa, es todavía el protagonista central en la lucha por el mando. Se trata de un general bastante astuto. El hombre suelta perlitas aquí y allá, sin comprometerse con nada ni con nadie. La resistencia a su figura crece día a día, y ya hay fracciones militares sondeando a la oposición, un juego que no está no exento de riesgos.

Si en Venezuela quedara algo de legalidad, el referendo revocatorio para sacar a Maduro del poder sería inaplazable. La gente firmó en aluvión para convocarlo. Pero el chavismo parece dispuesto a todo con tal evitarlo.
Se le ocurren a uno tres escenarios. Llamémoslos el Regular, el Malo y el Pésimo, porque el Aceptable o el Bueno dejaron de existir hace marras.

Regular. La OEA invoca la Carta Democrática y, en general, el régimen se queda corto en sus propósitos. Por ende, la MUD logra, tras mucho forcejeo, que se convoque un referendo revocatorio antes del fin de 2016 y casi con seguridad Maduro pierde su puesto. En las elecciones presidenciales subsiguientes tal vez aspiren Henrique Capriles, Leopoldo López, María Corina Machado y alguna otra figura relevante de la MUD, así como un descolorido candidato chavista. Entre todos se disputan un puesto tan simbólico como envenenado.

Malo. Maduro y su cáfila, usando los trucos y subterfugios que les da controlar aún dos ramas del poder público, evitan el referendo revocatorio o, lo que es igual, lo demoran hasta 2017, en cuyo caso no hay nuevas elecciones, sino que el vicepresidente, sea quien sea, asume el poder. Nada de fondo se arregla, siguen los saqueos, la escasez y el descontento. O sea que la crisis se pospone y, pospuesta, se agrava sin todavía desembocar en una gran explosión.

Pésimo. Es la salida violenta, de la cual es preferible no hablar tanto, pues hay antecedentes de sobra que muestran que un baño de sangre es un túnel en el que se entra un día y se sale 40 años después, si es que se sale.

Este último escenario de espanto no parece el más probable por el momento, sobre todo porque el régimen, así tenga en su seno partidarios de la violencia masiva, está demasiado debilitado como para medírsele a desatarla. Y aunque seguramente también haya partidarios de la acción intrépida en la oposición, por lo que se sabe son una diminuta minoría. Por eso piensa uno que Venezuela se debatirá entre la salida Regular y la Mala. Igual, que nadie piense que las cosas se van a arreglar de un día para otro.

andreshoyos@elmalpensante.com, @andrewholes.

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