ALZAR LA VOZ EN DICTADURA

H oy les muestro el extracto de mi ensayo “ALZAR LA VOZ”, un compendió de hechos relevantes de nuestra historia reciente, a partir del añ...

viernes, 20 de mayo de 2016

OPINIÓN

¿IZQUIERDA EN PAZ?
Susana Morffe

En los próximos días debería suceder algo importante en el país luego de las tragicómicas declaraciones del mandatario venezolano sobre su desquiciado bombardeo desde el imperio y sus constantes señalamientos sobre espías dentro y fuera de Venezuela, donde él presume se está gestando un golpe de estado, pero al mismo tiempo se hace llamar un abanderado de la paz.
Nadie puede creer que aumentando los salarios y los alimentos pueden mantener el país en paz, que privando al pueblo de los servicios básicos, como agua y electricidad se disminuya el malestar general, porque la inseguridad, salud, desempleo y pobreza absoluta, terminan minando las condiciones de vida y aumentando la irritación de tanta gente frenada por un efecto placebo, pero carcomida por el engaño de una revolución que solo conduce a la miseria en su gran fábrica de hacer pobres.
El ex presidente de Uruguay, Pepe Mujica, hizo bien en tildarlo de loco, “como una cabra”, el secretario general de la Organización de Estados Americanos, Luis Almagro, señaló a Maduro como un “dictadorzuelo”, otros de izquierda como José Luis Rodríguez Zapatero, de España y Leonel Fernández, de República Dominicana, intentaran bajo la abrumadora selva de ideas marmoleadas en Miraflores, concretar un diálogo que la Mesa de la Unidad no evade, pero conoce el monstruo en toda su plenitud. Hasta los del ala izquierda saben, deducen y creen ciegamente que la centrífuga política lo va a devorar. Los que lo “apoyan” solo están buscando mantener, un rato más, el modo de vida capitalista, disfrazado de socialismo.
Como pretende el gobernante que en esta Venezuela de hoy puede haber paz con una fuerza armada que solo sirve para crear violencia, agredir a los venezolanos y pisotear sus principios inscritos en el ordenamiento de la patria. Son oficiales que imponen sus armas y voluntad para acabar con ciudadanos venezolanos, colocando de primero el beneficio propio.
Claro que deberá suceder algo importante en los próximos días porque el pueblo está cansado de sufrir, pasar hambre y anhelando un país próspero. El régimen pretende que se multipliquen los saqueos, protestas para atacar a los venezolanos, sin descuidar que está latente en el ambiente el desafío de encontrar una salida justa, urgente y necesaria, no hay más opciones. Permitir que un solo hombre, apoyado por una cuadrilla de cínicos, constructores del desastre en el país, continúe gobernando, es un suicidio colectivo.
Si a cada venezolano le importa y quiere a su país, es el momento de buscar la paz con nuevo impulso que frene la descabellada muerte de hombres, mujeres, jóvenes y niños al comenzar la vigencia de un Estado de Excepción, refrendado por un tribunal que ha dejado sus principios de moral y justicia en un basurero.
Buscar la paz es tener un gobernante de condiciones óptimas para ejercer con prestigio el primer y único mando de la nación; se trata de tener un estado excepcional con un brillante conductor que entienda los principios democráticos y los ponga en práctica colocando en primer lugar los intereses del pueblo y a la vez respete los derechos y la voluntad de los venezolanos. Solo así tendremos paz para no seguir en esta bancarrota.

@susanamorffe
http://susanamorffe.blogspot.com

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LA ESPIRAL DESCENDENTE DE VENEZUELA
Editorial de esta semana del New York Times

Mientras la iniciativa para remover mediante un referendo al Presidente venezolano Nicolás Maduro gana el apoyo popular, su gobierno intensifica la represión.
El viernes pasado, Maduro declaró un estado de emergencia durante 60 días bajo el argumento de que era necesario para aplastar lo que describió como un “golpe” y para poder enfrentar “todas las amenazas internacionales y nacionales que hay contra nuestra patria en este momento”.
Las amenazas que los venezolanos enfrentan hoy en día no son el resultado de conspiraciones extranjeras o nacionales, sino del liderazgo desastroso de Maduro. Durante su gobierno, el sistema de salud del país se ha atrofiado tan severamente que muchos venezolanos mueren cada semana por la escasez crónica de medicinas y debido a que los hospitales están mal equipados.
La violencia se ha disparado mientras las bandas armadas leales al gobierno deambulan por las calles. Durante los tres primeros meses de este año, 4696 personas fueron asesinadas en Venezuela, según el gobierno, y en 2015 la cifra superó los 17.700. El número de muertos en el primer trimestre de 2016 es superior a los 3545 civiles muertos en Afganistán el año pasado, un hecho sin precedentes.
Es probable que la escasez de alimentos y bienes básicos empeore a medida que la economía de Venezuela se contrae a lo largo de este año. Por otro lado, los presos políticos languidecen después de pasar años tras las rejas, víctimas de un corrupto sistema de justicia.
Esta crisis ha mostrado las promesas vacías de las políticas socialistas de Maduro y su predecesor, Hugo Chávez, implementadas desde fines de 1990.
Mientras muchos venezolanos pudieron disfrutar de la prosperidad proyectada en una mejor vivienda, alimentos subsidiados y mejores salarios durante el alza de los precios del petróleo —el crudo representa aproximadamente el 96 por ciento de las exportaciones de Venezuela—, el gobierno no pudo construir una economía sostenible.
Tampoco ahorró dinero durante las épocas de bonanza, lo que habría suavizado el impacto de la recesión que comenzó en 2014.
Maduro logró cumplir con los pagos de la deuda externa de Venezuela gracias a los préstamos de miles de millones de dólares procedentes de China, país que tendrá que decidir si volverá a rescatar a Caracas cuando llegue el momento de su próximo gran pago en otoño.
El gobierno ha evitado obstinadamente implementar soluciones a largo plazo, al igual que solicitar la asistencia técnica del Fondo Monetario Internacional (FMI) y otras instituciones internacionales que rescatan a las economías fallidas. Venezuela no ha tenido un contacto significativo con el FMI por más de una década.
Durante los últimos 15 años, Chávez y Maduro hicieron del gasto en programas sociales su prioridad para mantener una base de votantes leales, y dejaron así a un lado las reformas institucionales que habrían diversificado las fuentes de ingresos del país y mejorado los sistemas de educación y salud.
Una coalición de partidos políticos opositores ganó el control de la Asamblea Nacional en diciembre y ha presionado a Maduro para que adopte las reformas, incluyendo la restauración de la independencia del Banco Central de Venezuela. Pero el PSUV, su partido político, ha bloqueado cada paso de los líderes de la oposición descartándolos como unos radicales de derecha alineados con potencias extranjeras.
A medida que aumenta el sufrimiento de los venezolanos, la oposición ha ganado un apoyo significativo en el extranjero lo que ha dejado muy aislado a Maduro. Se espera que la Organización de los Estados Americanos (OEA) convoque pronto a una sesión especial para evaluar la erosión de las prácticas democráticas en Venezuela.
Maduro sufrió un nuevo golpe la semana pasada cuando la Presidenta brasileña Dilma Rousseff, una aliada muy cercana, fue removida temporalmente del poder mientras es sometida a un juicio político.
El presidente venezolano parece determinado a que sea prácticamente imposible que la oposición cumpla con los requisitos exigidos para convocar a un referendo para fines de año. Si la votación se realiza en 2017 y remueve a Maduro de su cargo, el vicepresidente terminará el resto de su mandato, que finaliza en 2019.
Para derrotarlo, los líderes de la oposición, quienes han convocado a manifestaciones masivas el miércoles, tendrán que ampliar su coalición. Eso significa incorporar a los descontentos de la base política de Maduro y ofrecerle a los votantes venezolanos un modelo político viable que frene la catástrofe causada por años de mal gobierno”.

New York Times


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VENEZUELA: MADURO AGRAVA 
EL ENFRENTAMIENTO
Editorial de El Nuevo Herald

El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, ha agravado el enfrentamiento entre el poder ejecutivo y el legislativo al promulgar un nuevo decreto de estado de excepción y emergencia económica el miércoles pasado.
Maduro alega que el estado de excepción es necesario para enfrentar la crisis económica que padece Venezuela. El decreto le otorga al gobierno el poder de garantizar la distribución y comercialización de alimentos y otros productos básicos mediante la intervención del ejército y los órganos de seguridad.
Lo cierto es que la intervención de las fuerzas armadas difícilmente lleve un alivio a la crisis. El problema de desabastecimiento en el país sudamericano se debe a una caída de la producción, motivada a su vez por los rígidos controles estatales sobre la empresa privada, que carece de incentivos para producir y que muchas veces se ve abocada a la ruina. El problema, por lo tanto, no se resuelve con un decreto de movilización militar, sino con la adopción de nuevas medidas económicas que le quiten la llave de estrangulamiento a la economía nacional. Solo que Maduro no está dispuesto a dar ese giro de 180 grados en la política de Miraflores.
Pero el mandatario venezolano dijo además que tratará de mantener vigente el estado de excepción y emergencia económica por lo que resta del año, de manera que los legisladores opositores no le vayan a “sabotear el presupuesto de este año y del año que viene”. En otras palabras, Maduro indica claramente que estará gobernando por decreto, ignorando olímpicamente a la Asamblea Nacional, controlada por la oposición desde el pasado diciembre.
Encima, el mandatario auguró que la Asamblea no terminará el período de cinco años para el que fue electa. “Vamos a ver, ¿esa Asamblea llegará hasta octubre?”, dijo en un acto de gobierno. No aclaró las causas por las que el Parlamento no concluiría su mandato, pero hay que ponerse en guardia frente a la amenaza.
Maduro sabe que ha llevado al país a una situación de caos y está tomando medidas desesperadas para mantenerse en el poder. El mismo miércoles de esta semana, miles de opositores trataron de llegar a la sede del Consejo Nacional Electoral en Caracas para exigir que se agilice el proceso del referendo revocatorio contra Maduro, pero la policía, usando bombas lacrimógenas y balas de goma, bloqueó la marcha de la oposición. Los choques en la capital y otras ciudades dejaron al menos 18 heridos.
Ante la crisis que sufre Venezuela, la escasez de alimentos básicos y medicinas, y la represión gubernamental, los enfrentamientos como el ocurrido el miércoles se repetirán. El lema de los que marcharon en Caracas –“Urgente, urgente, un nuevo presidente”– será más apremiante, mientras Maduro, como auguró el secretario general de la Organización de Estados Americanos, Luis Almagro, se convierte en “un dictadorzuelo más” al negarle a su pueblo la posibilidad de decidir libremente su futuro.

Junta Editorial

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20 DE MAYO: ESTADO DE DECEPCIÓN
Andrés Cañizález

Tenía programada para ese día una cita en un banco del Estado, a donde el propio Estado me obliga a ir, cada vez que viajo al exterior para poder hacer uso de mis tarjetas de crédito. Este 20 de mayo cuando llegué al banco había una cola gigantesca. Programé una cita para el día en que cobran los “viejitos” su pensión. Es fácil saber cuándo los pensionados, en Venezuela, les llega el día de cobrar: hacen largas colas, en algunos casos bajo el sol inclemente (como fue el caso de este 20 de mayo, en Barquisimeto). Me dediqué a interactuar y escuchar lo que se hablaba en la cola.
Escucho la conversación de dos señoras: en el barrio se están robando las bombonas de gas y hasta los bombillos ahorradores. Una ratifica lo que la otra dice: antenoche me desperté y salí corriendo y pegando gritos al patio, porque había ruido, y yo pensaba que me estaban llevando las bombonas. Pero no, eran unos gatos. Gracias a dios, concluye la otra. Ahora hasta las bombonas de gas –y los bombillos- son piezas que buscan los malandros.
Detrás de mí una señora aprieta el brazo de su hijo de cinco años. Mascullando le intenta transmitir la impotencia que le embarga: Julio, no tenemos plata ahorita para desayunar, después que salgamos del banco, cuando la abuela cobre la pensión, te compro una empanada. El niño de unos 5 años mira con resignación la cola que le separa de su desayuno. Son las 9.30 y sólo dos horas después fue que esa señora sin dinero en su cartera pudo ingresar al banco, y –espero- comprarle la empanada a Julio.
Quienes estamos en la cola de un banco, por una u otra razón, no parecemos ser los que estamos en peores condiciones en esta Venezuela. Una señora con dos niños, francamente en harapos, recorre la cola de una punta a otra y nos va diciendo: mis hijos sólo comen mango, no tengo otra cosa que darles. La pobreza les viste de pies a cabeza, la madre y los dos niños tienen cara de estar pasando hambre.
Delante de mí, luego de largo tiempo de espera, una señora habla fuerte, como para que todos escuchen: Tengo 79 años y nunca pensé que en mi vejez me tocaría vivir esto. Por primera vez en mi vida tengo que estar mostrando la cédula y haciendo cola para poder comprar cuatro pendejadas de comida. La señora prosigue, no le habla a nadie en particular, sólo necesita desahogarse: me acostumbraron desde chiquita a darle café a las visitas, y que yo sepa Venezuela producía café y azúcar, ahora a las visitas sólo se les puede dar agua, no tengo más nada.
Otra señora, un poco más adelante, le dice a la vecina de la cola: yo gracias a Dios tengo una hija que vive en España y ella cada dos meses me manda las medicinas de la tensión. Aquí –en Venezuela- no se consiguieron más. La otra le responde, qué bueno que usted tiene esa hija afuera, pero imagínese cómo estamos las que tenemos a todos los muchachos dentro de Venezuela.
Un señor que antes había comentado tener 70 años, el típico que habla fuerte en una cola o en una reunión, dice: aquí es tiempo de cambiar de presidente, Maduro no dio la talla. En esta cola, frente a un banco del Estado, nadie defiende la opción de que el mandatario prosiga para hacer frente a la crisis. O salimos de Maduro o no nos quedará nada de país, dice. La gente asiente. Esto no se aguanta, remata la señora de 79 años.
Es un viernes 20 de mayo, justo una semana después de que el presidente Maduro anunciara su decreto de Estado de Excepción, puede ser que exista en el papel tal decreto, pero en realidad en Venezuela lo que está vigente es el estado de decepción.


@infocracia



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