ALZAR LA VOZ EN DICTADURA

H oy les muestro el extracto de mi ensayo “ALZAR LA VOZ”, un compendió de hechos relevantes de nuestra historia reciente, a partir del añ...

sábado, 4 de marzo de 2017

OPINIÓN

HAMBRE
Eduardo Fernández

El hambre que se está sufriendo en nuestro país es resultado de políticas económicas equivocadas y mantenidas en el tiempo contra todas las evidencias de que esas políticas son las que producen como resultado hambre y empobrecimiento de la población.

En Venezuela hay hambre. Son muchísimos los compatriotas que están sufriendo el flagelo del hambre. Niños, mujeres y hombres que han reducido la ingesta de alimentos fundamentales para su existencia. En el caso de los niños, el hambre tiene repercusiones muy graves que van desde perder la vida por inanición hasta sufrir consecuencias, por infraalimentación, en sus condiciones físicas y mentales.

El hambre en Venezuela es un escándalo mayor. El hambre en cualquier país del mundo es intolerable. El mundo tiene el potencial para alimentar a toda la población. Pero en el caso de Venezuela, digo que la realidad del hambre es un escándalo porque este país tiene todo lo que se requiere para atender la demanda alimentaria de los treinta millones de habitantes que vivimos en este espacio de casi un millón de kilómetros cuadrados.

El hambre que se está sufriendo en nuestro país es resultado de políticas económicas equivocadas y mantenidas en el tiempo contra todas las evidencias de que esas políticas son las que producen como resultado hambre y empobrecimiento de la población.

A partir de 1999 se iniciaron políticas dirigidas a destruir, deliberadamente, lo poco que existía de aparato productivo en el país. Durante varios años, el petróleo subió de precio en el mercado internacional y el ingreso fiscal del país fue descomunal. Con ese dinero, el Gobierno resolvió comprar en el exterior todo lo que podíamos producir en nuestro país y que ya lo habíamos producido en el pasado.

Al bajar los precios del petróleo, disminuyeron los recursos fiscales que además se habían despilfarrado miserablemente y nos encontramos en la situación de que no producíamos dentro los alimentos que necesitamos y no podemos importarlos porque ahora no tenemos el excedente de divisas que llegamos a tener.

El hambre de los venezolanos podría desaparecer si se produjera un cambio radical en las políticas oficiales. Para acabar con el hambre en Venezuela hace falta promover inversiones productivas. Inversiones públicas y también inversiones privadas. Inversiones nacionales, pero también inversiones internacionales. Pero para que se produzcan esas inversiones hace falta confianza, y para que exista confianza hace falta eliminar los controles artificiales de la economía, específicamente el control de cambios y el control de precios.

Ese programa requiere la presencia de un gobierno con convicción y con fuerza. Un gobierno que crea en la racionalidad económica y que cuente con un efectivo respaldo en el país para llevar adelante las reformas necesarias.
Seguiremos conversando.

@EFernandezVE

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VENEZUELA Y SU GUERRA DE HAMBRE
Susana Morffe

Por ahora no se vislumbra una salida del grotesco y apátrida régimen, convertido hoy en un amasijo de hierro, debido a que su existencia se controla con una inversión de armas que se quedaran oxidadas en el tiempo corto por no tener una causa real para ser utilizadas.

Cuando Hitler invadió a Polonia su ejército fue fácilmente derrotado, según narra la historia, porque el líder estuvo bien apertrechado para dar inicio a la Segunda Guerra Mundial. Murieron 20% de la población polaca judía. Es un dato que llama la atención.

En Venezuela, pese al almacenamiento de armas, muchas de ellas con origen de chatarras y solo sirven para exhibir poder, pero no uso efectivo, aunque efectiva fue la negociación en dólares pagada por Venezuela a Rusia, lo cierto es que el “armamentismo criollo” se estima que no pasaría de Guiria si se llega a producir un estallido.

¿Cuántas guerras o ataques fueron anunciadas por el difunto comandante? Ahora Venezuela está en peligro, pero no por un ataque foráneo, sino por un ataque interno, así como aquel del 27 y 28 de febrero de la década pasada. Aquí en nuestro patio se ha desatado una guerra por tantos anuncios lanzados al aire por los mismos seguidores del comandante y los bichitos que hicieron crecer a la luz de grupos urbanos, nombre decente para no herir susceptibilidades por lo que escribo.

La guerra nos ataca por todos los puntos geográficos del país. Estamos acorralados, la población muere, quizás con más porcentaje que en Polonia. Susto, pánico, terror se apodera de la población porque la guerra es silenciosa, las chatarras no suenan como misiles o balas automáticas. Señores y señoras, la guerra ataca al estómago de cada venezolano, nos están matando por hambre y apunta a tu mesa.

Años atrás se hablaba de “balas frías” y esas mismas son las que ocasionan el genocidio de estos aciagos tiempos frenéticos por demás. Debido al oxido que emana de las chatarras acuarteladas en un almacén protegido por soldados de plomo, se han sacado a las calles de nuestro país, bombas que aniquilan a cualquier ser humano que atraviese la raya amarilla en un ensordecedor ruido a su paso: Clap! Clap! Clap!

Ni Trump con sus geniales ideas pudo haber advertido que en Venezuela, hace rato, comenzó la tercera guerra mundial, con solo dejar que la pasta, la arepa y derivados alimenticios, dejaran de correr por las calles, en una suerte de guerra que no daña el ecosistema, sino los estómagos de sus ciudadanos.

Golpes certeros, sin meter los pies debajo de una mesa.

Ante tanta mortandad de seres humanos, los hospitales, ambulatorios y las clínicas, no se dan abasto porque no hay medicinas para curar a tanta gente, debido a esta guerra alimenticia que aún no sabemos cuándo acabará. Estamos frente a un exterminio de la raza afrodecendiente, cultivada por el régimen y desnaturalizada desde las vísceras revolucionarias.

No hay elección posible en Venezuela, escoger entre una bala de cañón o una “bala fría”, así se debate la vida y muerte de su gente.

@susanamorffe

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Thor Halvorssen
Presidente y Director Ejecutivo
Human Rights Foundation

La solución del problema de las dictaduras no es algo que se puede realizar de manera efectiva a través de intervenciones militares o acciones gubernamentales, por más bien intencionadas que estas sean. Probablemente, tampoco se pueda solucionar el problema por arte de magia en el marco de una ONU en la que las dictaduras son incluso más activas que las democracias. Sin embargo, sí podemos dar pasos en la dirección correcta a través de una gran expansión de los programas de HRF, que construya sobre nuestra experiencia de éxitos y notable impacto.

Al priorizar la luchar por la libertad, también podemos tener un impacto positivo en sociedades abiertas. Podemos inspirar nuevas oleadas de apoyo en las comunidades financieras y de negocios globales, al igual que en la cultura popular. Cuando personas que por lo general no ven la importancia de los derechos humanos entran en contacto con nuestros programas y experiencias, estas comienzan a valorar y apreciar sus libertades, y luchan y se preocupan más por conservarlas. Llegan a comprender que estas libertades no están garantizadas, sino que se debe luchar para obtenerlas y ser muy responsable para protegerlas.

Es lamentable que la lucha global contra la tiranía continúe siendo excluida de nuestro lenguaje diario, atenuada en nuestras conversaciones e ignorada por nuestros gobernantes. Esta situación continuará igual –o empeorará– a menos que la enfrentemos.

Sin su ayuda, no podríamos hacer lo que hemos venido haciendo, así que contamos con que pueda ayudarnos a seguirlo haciendo juntos. 

Existe un problema en la raíz de todas las crisis importantes en el mundo hoy en día. Este problema ayuda a producir pobreza, corrupción, hambruna, la destrucción del estado de derecho, el extremismo religioso, refugiados, y todas las guerras. Se trata del problema del autoritarismo. Al momento de escribir esta carta, www.humanrightsfoundation.org, más de la mitad del mundo vive bajo gobernantes autoritarios.

Parecería lógico que existiese un esfuerzo masivo a nivel global para atacar este grave problema. Sin embargo, no lo existe. En la actualidad no existen organizaciones de políticas públicas importantes, grupos de activismo, órganos gubernamentales o empresas privadas dedicadas exclusivamente a desafiar a los regímenes autoritarios y a promover la libertad en donde se encuentra más amenazada. A excepción de Human Rights Foundation. Con su apoyo podemos continuar llevando innovación, pasión y resultados a la lucha por la libertad alrededor del mundo.

Con mucho aprecio y gratitud.

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